UNA ETAPA DURA PARA EL MERCADO RESIDENCIAL, PERO SUPERABLE

El impacto del Covid-19 en el mercado de la vivienda dependerá principalmente de la situación en que queden tanto el mercado laboral como su financiación, pero sino se destruye el tejido empresarial y no hay contagio financiero, la situación puede superarse sin demasiados traumas.

La situación no es comparable a lo ocurrido en 2008, que se produjo por los excesos del mercado, tanto en la producción como en el endeudamiento por parte de las promotoras como de los compradores finales. Fue un periodo en el que se vivió en el convencimiento que la escalada de precios no tenía fin, apoyados por la abundante financiación facilitada por los bancos sin ningún rigor, y por unas tasaciones contagiadas por el mismo voluntarismo. El mercado quedó colgado de los bancos, y estos pagaron muy caro la laxitud con la que concedieron los créditos. Ahora, un patógeno ajeno al sector inmobiliario ha obligado a aplicar un coma inducido a las actividades económicas no esenciales de la economía, para mantener la salud de la población. En tales circunstancias, una buena parte de la economía se ha detenido, incluyendo la venta de viviendas y la construcción, asestando además un duro golpe al mercado laboral. Aunque se desconoce la duración temporal de la pandemia provocada por el patógeno, si sabemos que la economía estaba funcionando con normalidad antes de la pandemia, que los trabajadores despedidos venían desarrollando su función en las empresas empleadoras, por lo que podrán recuperar sus puestos progresivamente a medida que se vaya controlando la pandemia. Por otra parte, no hay problemas acuciantes de deuda, y en el caso concreto de las promotoras residenciales de cierto tamaño están bien capitalizadas con bajo apalancamiento y la financiación se ha venido realizando con criterios rigurosos, por lo que no parece probable que haya un crash financiero. Además, tanto el Gobierno como las distintas instituciones internacionales se han dado prisa en anunciar medidas muy distintas a las aplicadas en 2008, que van a permitir que, cuando se desactive el coma, la vuelta a la vida de la actividad económica se produzca sin grandes traumas, aunque lentamente, porque la experiencia singular vivida por empresas y población, es muy probable que tenga su secuela en los comportamientos, debido a que nos ha hecho ver que además de las cosas importantes están las prioritarias. De la misma manera que se ha producido un agujero importante en el mercado laboral, comprobaremos caídas importantes en los datos macro, del primer trimestre de este año. No en balde se ha perdido una sexta parte de ese periodo y se seguirán perdiendo parcialmente otros, volviendo a perder empleos y actividad económica, pero se debe tener en cuenta que es una circunstancia temporal, de ahí los esfuerzos que deben hacerse para mantener el tejido empresarial durante este paréntesis, así como por satisfacer las necesidades de las familias más vulnerables. Hay muchas bolas de cristal activas en este periodo que predicen caídas de precios y actividad en el mercado residencial, algunas de ellas ajustando el porcentaje hasta las centésimas, sus autores sabrán como hacen los cáculos. La realidad nos muestra una etapa difícil también para el mercado residencial, pero donde no se ha destruido nada por el momento, y se cuenta con dos alimentadores eficientes para la actividad económica, como son los bajos precios del petróleo y el hecho de que los tipos de interés se sigan manteniendo en niveles históricamente bajos.
fuente: realestatepress

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